Entrevistas a las familias de ACTEF, Pilar

Entrevista a Pilar
Esperaba a salir de clase para hacer todas las preguntas que se le ocurrieran.





    ¿Tienen hijo o hija con altas capacidades? ¿CuántosEdad actual de los hijos/as con altas capacidades.
Sí, uno diagnosticado de forma privada, actualmente tiene 17 años. Mi hijo pequeño presenta signos que nos hace sospechar que pudiera serlo también; pero la misma Psicóloga que diagnosticó al mayor nos ha recomendado no pasarle las pruebas, ya que por diversas circunstancias, en su caso podría ser más contraproducente que beneficioso.

  ¿Qué les hizo sospechar de que pudiera tener altas capacidades? ¿Qué signos veían? ¿Cómo era?
Su precocidad en el aprendizaje, sobre todo en cuanto a las matemáticas. Tenía dificultad para relacionarse con niños de su misma edad. Era un niño muy movido, a pesar de lo cual, en el colegio se comportaba bien.
Por problemas de logopedia, se sintió rechazado, así que a partir de Primaria su principal deseo era no llamar la atención. En clase se aburría, así que no demostraba interés en aprender, esperaba a salir de clase para hacer todas las preguntas que se le ocurrieran.
Lo consulté con su profesora de 1o, pero lo que le contaba de él no encajaba con su forma de ser en el colegio, era como si habláramos de niños distintos.
Con 7 años me pidió dejar el colegio, para que le enseñara yo en casa.

¿Qué hicieron ante las sospechas
Al no obtener respuesta en el colegio, comencé a buscar información de forma casi obsesiva, sobre todo en internet, tanto teórica como a través de foros. Me apunté a un curso presencial sobre Altas Capacidades, en el cual conocí a Esperanza, que acababa de llegar a la isla y que tenía a su hijo ya diagnosticado. A través de ella conocí otras familias con problemas similares. Junto a ellos decidimos formar una asociación, con la intención de buscar apoyos y promover actividades para nuestros hijos.  Y así es como empezó ACTEF. Todo vino un poco como rodado.

¿Cuánto tiempo tardaron en tener un diagnóstico?
3 años hasta que se confirmó.

Edad del hijo/hija cuando el diagnóstico
Solicité que le realizaran las pruebas al principio de 1º de Primaria, cuando aún no había cumplido los 6 años. Pero, a pesar de que le pasaron pruebas, nunca obtuve un resultado por escrito. Me dijeron de palabra que no lo era; que como no tenía ni interés por aprender, ni una gran imaginación, no podía serlo. Esa señora pensó que no tenía imaginación porque no le gustaba dibujar.
Un año después, con los trámites de la formación de ACTEF ya en marcha, se le realizó un primer diagnóstico con resultado de talento matemático y una recomendación de repetir las pruebas.
Con 9 años quedó confirmado el diagnóstico de altas capacidades.

Una vez diagnosticado, ¿qué pensaron?
Principalmente sentí alivio. Había llegado a pensar que no conocía bien a mi hijo y que así no sería capaz de entenderlo y ayudarle. Al quedar confirmadas mis sospechas, desaparecieron esas dudas que me habían creado los que me decían que no lo era, a pesar de que esa gente sabía del tema aún menos que yo. Y al desaparecer las dudas, aparecieron aún más ganas de conseguir mejorar la situación para mi hijo y para los que vinieran detrás.
Su padre, en cambio, se lo tomó de una forma completamente diferente. Temía que fuera señalado y rechazado, si se hacía público. Se deseo era “que no se le notara mucho”. Apoyó al niño en todo lo que demostrase interés, pero sin darle importancia al diagnóstico de alta capacidad.
Cuando el diagnóstico se confirmó, mi hijo pidió que no se informara al colegio, no deseaba llamar la atención. Y decidimos respetar su decisión.
A pesar de ello, varios de sus profesores, tanto de Primaria como durante sus años de ESO y Bachiller, han sabido oficiosamente que tenía altas capacidades. Algunos porque me lo preguntaron directamente, otros, me lo insinuaron de diferentes formas.

¿Cómo es tener un hijo/a con altas capacidadesExperiencia de la familia.
No lo sé, no he tenido otra experiencia para poder comparar. Jeje.
Mi hijo se parece muchísimo a una de mis hermanas, por lo cual en casa nunca lo vi como algo demasiado raro, lo de aburrirse en el colegio siempre fue la norma.
En nuestro caso, la experiencia fue negativa por el rechazo que sufrió hasta los 9 años. A partir de entonces, aprendió a relacionarse con otros niños y, aunque siguió aburriéndose, empezó a ver el colegio de una forma más social y positiva.
Al entrar en el instituto la cosa cambió. Rechazó el sistema de notas, instalándose en el “sistema del mínimo esfuerzo”: no quería estudiar, nunca suspendía pero sus notas bajaron mucho. El hablar de aprender y estudiar se convirtió en una batalla del día a día. Sólo este año, que cursa 2º de Bachiller, ha comenzado a estudiar algo, al menos lo suficiente para poder acceder a la carrera universitaria que desea. Eso sí, siempre recordándonos “que no nos acostumbremos a sus buenas notas”.

¿Qué ha supuesto para ellos la asociación
De pequeño creo que siempre se sintió distinto, y al no saber por qué, lo vio como un problema, algo que rechazar de sí mismo. Al ser diagnosticado y entrar en la asociación, encontró a otros niños que pasaban por algo similar. Entendió que había un motivo real para sentirse diferente y que esa diferencia no era mala y eso le permitió relajarse. 

¿Cómo participan en la asociación
Actualmente no participa en actividades, aunque lo ha hecho hasta hace poco. Lo que más disfrutó fueron las clases de alemán y todos los intercambios y convivencias realizadas a partir de ellas.
Su hermano ha participado en algunas salidas y excursiones, en las que disfruta más de forma social que de contenido o aprendizaje. Va a clase de batería y recientemente ha mostrado interés en la robótica.
Por mi parte, estos diez años he sido miembro de la Junta Directiva de ACTEF, aunque ya hace tiempo que participo mucho menos en su gestión por falta de tiempo y próximamente la abandonaré definitivamente. Hace falta gente con nuevas ideas y más empuje.

Además, dentro de la asociación hace unos 5 años empecé a asistir a clases de guitarra primero y de bajo después. Y aunque reconozco que no se me da especialmente bien, me encanta. Me relaja hacer algo completamente diferente al resto de mi vida. Es como mi ratito de desconexión.

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